La industria alimentaria chilena inicia 2026 enfrentando un cambio estructural en los hábitos de consumo. El esquema tradicional de alimentación, basado en comidas principales definidas, continúa cediendo espacio a un modelo fragmentado, dinámico y funcional.
En este contexto, la snackificación deja de ser una tendencia emergente y pasa a consolidarse como un nuevo patrón de comportamiento alimentario. Durante 2025, el mercado estuvo marcado por una fuerte sensibilidad al precio, optimización del gasto y priorización del valor percibido. En 2026, este escenario evoluciona hacia una demanda más sofisticada, productos que combinen conveniencia, aporte nutricional y eficiencia económica.
Caracterización del nuevo consumidor chileno
El consumidor actual presenta cuatro rasgos que impactan directamente en el desarrollo de alimentos:
2. Sustitución de comidas
Se observa una sustitución parcial de comidas tradicionales por ingestas funcionales y de mayor frecuencia. Esto impulsa el desarrollo de snacks con mayor densidad nutricional, capaces de aportar proteínas, fibra o energía sostenida en formatos compactos.
2. Preferencia por lo clásico
El consumidor chileno mantiene alta fidelidad a perfiles sensoriales clásicos. Esto obliga a que la reformulación o incorporación funcional respete atributos clave como sabor, textura y apariencia.
3. Mayor selectividad
El crecimiento de declaraciones como “alto en proteína”, “fuente de fibra” o “apoyo digestivo” refleja una búsqueda concreta de beneficios. La decisión de compra está cada vez más vinculada a atributos técnicos verificables.
4. Consolidación del fast food
El aumento sostenido en ventas de alimentos listos para consumo inmediato confirma que la variable tiempo es determinante. La estabilidad, vida útil y facilidad logística se vuelven factores críticos en formulación y distribución.

Implicancias técnicas para el desarrollo de productos
Este nuevo escenario exige ajustes en la estrategia de I+D y formulación, el desafío no radica únicamente en fortificar, sino en optimizar la interacción entre ingredientes funcionales y la matriz alimentaria considerando:
- Reformulación orientada a densidad nutricional
- Optimización costo–funcionalidad
- Sostenibilidad técnica aplicada
- Coherencia regulatoria y etiquetado



